Los datos: un nuevo factor de competitividad en la ganadería

El uso de inteligencia artificial en la ganaderia

La ganadería está entrando en una nueva etapa. Ya no alcanza con producir mejor: cada vez será más importante demostrar cómo se produjo, gestionar con información y tomar decisiones basadas en evidencia. Ese cambio ya comenzó.

Hace unos días nos tocó facilitar desde Club AgTech un panel organizado por Cattler bajo una consigna muy desafiante: ¿Está preparada la ganadería para la Inteligencia Artificial?

Compartimos mesa con Rodrigo Troncoso, Nacho Albornoz y Roberto Bisang —tres personas con recorridos muy representativos del sector: la producción, el desarrollo tecnológico y la economía—.

La expectativa inicial era que la conversación girara alrededor de la inteligencia artificial.

Sin embargo, la conclusión fue distinta. El verdadero tema fueron los datos. Pero tampoco los datos entendidos como planillas, sensores o software. Los datos entendidos como una nueva forma de gestionar.

De ese intercambio nos llevamos cuatro aprendizajes clave que están redefiniendo las reglas del juego en la ganadería:

Hoy no se puede no gestionar.

Durante décadas, una empresa ganadera construía su ventaja competitiva produciendo mejor que las demás. Mejor genética, mejor manejo, mejores índices reproductivos, mejor conversión, mejores costos.

Eso sigue siendo cierto. Pero empieza a redefinirse qué significa “hacer bien”.

Como en la Fórmula 1, lo que hace algunos años era suficiente para competir, hoy se vuelve insuficiente. Las exigencias cambian, los estándares suben y la diferencia entre quienes se adaptan y quienes no se vuelve cada vez más evidente.

Incluso, en algunos mercados comienza a ser necesario demostrar los procesos realizados. En algunos casos por cuestiones ambientales, en otros por razones productivas o de negocio.

Ese cambio parece sutil, pero modifica profundamente la forma de gestionar una empresa.

Si un frigorífico puede conocer la historia productiva de un animal, si un cliente puede verificar determinados atributos, si un socio comercial necesita validar procesos o si un mercado exige demostrar prácticas ambientales, bienestar animal o trazabilidad, la información deja de ser un registro administrativo para transformarse en parte del producto.

Y cuando eso ocurre, los datos pasan a tener un valor económico propio.

Rodrigo Troncoso lo explicaba con un ejemplo muy concreto. Durante muchos años la ganadería funcionó sobre promedios. Se compraba y se vendía “promediando” calidades. Quien producía mejor muchas veces no recibía un reconocimiento económico por esa diferencia. La posibilidad de medir mejor empieza a cambiar esa lógica. Cuando la calidad puede demostrarse, también puede capturar más valor.

Ese cambio recién comienza, pero probablemente sea uno de los más profundos que vivirá la cadena en los próximos años.

Nacho Albornoz, co-fundador de Cattler, aportó otra mirada muy interesante. La digitalización ya no consiste únicamente en registrar información. Hoy las herramientas permiten que los datos fluyan de manera casi natural. Lo difícil dejó de ser capturarlos. El desafío ahora es transformarlos en mejores decisiones.

Y allí aparece una diferencia enorme entre tener datos y gestionar con datos.

Muchas empresas ya generan una enorme cantidad de información.

Pesadas, consumos, ganancias diarias, tratamientos, movimientos, compras, ventas.

El problema no suele ser la falta de datos. El problema es que muchas veces esos datos no terminan modificando ninguna decisión.

En otras palabras, la empresa registra mucho, pero aprende poco.

Y en ese contexto, la conclusión es clara: gestionar mejor deja de ser una opción, para transformarse en  una necesidad.

Roberto Bisang llevó esa idea todavía un paso más allá.

Planteó que la información está comenzando a convertirse en un nuevo activo estratégico de las empresas.

Durante décadas se pensó que el valor de una empresa ganadera estaba en su tierra, su hacienda, su genética, sus instalaciones o su capital humano.

Hoy emerge otro activo: La información.

No solamente porque ayuda a gestionar mejor. También porque permite integrarse con otros actores de la cadena, sostener vínculos comerciales más exigentes, respaldar certificaciones, diseñar nuevos modelos de negocio y construir ventajas competitivas difíciles de copiar.

Es un cambio de paradigma.

La información deja de ser un subproducto de la operación para transformarse en parte del patrimonio de la empresa.

La principal barrera ya no es tecnológica.

Las herramientas existen y son cada vez más accesibles y simples de utilizar.

La verdadera diferencia empieza a estar en la capacidad de cada organización para revisar sus procesos, ordenar su información y construir una cultura de decisión basada en evidencia.

En definitiva, la transformación digital no empieza cuando se incorpora inteligencia artificial. Empieza mucho antes.

Empieza cuando una empresa se pregunta qué información genera, cómo la utiliza y qué decisiones podría tomar mejor si lograra convertir esos datos en conocimiento.

Y esa pregunta no tiene una única respuesta.

Depende del punto de partida de cada organización.

El valor competitivo en la ganaderia

¿Por dónde empezar?

Cada empresa ganadera se encuentra en un momento diferente de este proceso.

Algunas ya generan información de calidad, pero todavía no la utilizan para gestionar.

Otras tienen procesos muy sólidos, aunque gran parte del conocimiento sigue estando en planillas o en la experiencia de determinadas personas.

Y otras recién comienzan a recorrer este camino.

Por eso, el primer paso no es incorporar una nueva tecnología.

El primer paso es entender dónde está parada la empresa.

Con ese objetivo desde Club AgTech desarrollamos Diagnóstico de Brecha Digital, una herramienta diseñada para identificar el nivel de madurez digital de organizaciones vinculadas a la ganadería, reconocer las principales oportunidades de mejora, y ayudar a priorizar las acciones que realmente pueden generar impacto.

Porque no todas las empresas necesitan hacer lo mismo, pero todas necesitan saber desde dónde empiezan.

Si querés conocer dónde está hoy tu empresa frente a este desafío y cuáles deberían ser los próximos pasos, te invitamos a realizar el Diagnóstico de Brecha Digital. 

Es una inversión de entre 5 a 10 minutos para que hagas un primer reconocimiento de dónde estás parado hoy, frente a la digitalización. Porque el futuro no empieza incorporando una herramienta. Empieza entendiendo dónde estamos parados para decidir, con criterio, hacia dónde avanzar e iniciar las conversaciones necesarias.

 

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