Un dato puede ser mucho más que un dato

La digitalización no solo agiliza procesos, sino que permite crear inteligencia colectiva, fortalecer la toma de decisiones y generar nuevas oportunidades para empresas, industrias y regiones.
La digitalización no solo agiliza procesos, sino que permite crear inteligencia colectiva, fortalecer la toma de decisiones y generar nuevas oportunidades para empresas, industrias y regiones.

Hace muy poco tiempo, un monitoreador que recorría un lote, anotaba sus observaciones en un cuaderno y volvía a la oficina. Allí pasaba esas notas a una planilla. Más tarde alguien consolidaba esa información en un Excel y, con suerte, elaboraba un informe.

La digitalización potenció ese proceso.

Hoy una aplicación permite registrar la información directamente en el lote. El tiempo disminuye, desaparecen errores de transcripción y el trabajo se vuelve más eficiente.

Hasta aquí, pareciera tratarse simplemente de una mejora tecnológica.

Pero no lo es.

Porque ese mismo dato puede recorrer un camino mucho más largo.

Si queda solamente en el teléfono del monitoreador, mejora la productividad de una persona.

Pero cuando se comparte dentro de la empresa, permite coordinar equipos, asignar mejor los recursos, gestionar los procesos y tomar mejores decisiones.

Y se puede subir un nivel más. Si varias empresas deciden compartir esa información, emerge algo completamente nuevo: Se puede crear un mapa regional de malezas, enfermedades o plagas que ninguna organización podría construir por sí sola, por ejemplo.

El dato nunca cambió. Lo que cambió fue el sistema sobre el que actúa, y esa diferencia es enorme.

Porque el verdadero poder de la digitalización no consiste en hacer más rápido lo que ya hacíamos. Consiste en crear capacidades que antes simplemente no existían.

Eso fue precisamente lo que realizó AAPPCE tiempo atrás.

Sus asociados utilizaban diferentes apps. Por lo tanto, llevaron esta visión a empresas que, en muchos casos, compiten entre sí y generaron el marco de confianza para que varias de ellas decidieron colaborar en este compartir información. El resultado fue un conocimiento colectivo mucho más valioso que la suma de los datos individuales.

Ese ejemplo muestra con claridad cómo el dato también cambia de naturaleza a medida que asciende de nivel.

Para quien lo releva, es una observación. Para la empresa, es una herramienta de gestión. Para una industria, se convierte en inteligencia colectiva.Y para una región, pasa a ser una infraestructura sobre la cual pueden construirse nuevas capacidades y nuevas oportunidades de desarrollo. Y lo mejor de todo es que esto vuelve hacia abajo, retroalimentando el sistema y generando un círculo virtuoso. 

Esa es la lógica de la nueva economía digital. Pero plantea nuevas formas de ordenarnos. 

Cada mejora tecnológica abre nuevas conversaciones para las que hay que prepararse

¿Quién accede a la información?

¿Cómo se comparte?

¿Qué hacemos con la eficiencia que aparece?

¿La utilizamos solamente para reducir costos o para crear nuevos servicios?

¿Cómo distribuimos el nuevo valor generado?

De pronto descubrimos que el desafío deja de ser tecnológico y se convierte en cómo ordenarnos.

La tecnología modifica el mapa de procesos eliminando algunos y requiriendo nuevos. Redefine roles y sobre todo, genera transparencia. De acuerdo al formato de la organización, esto puede ser una fortaleza… o  problema.

Por esto es indispensable observar este proceso con nuevos ojos. Se requiere de nuevos entendimientos que permitan construir confianza y generar nuevas formas de colaboración. Esta es la principal razón por la cual muchas transformaciones digitales fracasan: porque incorporan herramientas sin modificar la manera en que las personas trabajan juntas.

En Club AgTech solemos explicar este fenómeno distinguiendo cuatro niveles que se encuentran profundamente conectados: la persona, la empresa, la industria y la región.

Una misma innovación puede comenzar mejorando el trabajo de una persona, fortalecer la gestión de una empresa, generar inteligencia colectiva para toda una industria y, finalmente, aumentar la competitividad de una región.

Cuando comprendemos esta dinámica dejamos de pensar a las herramientas como aplicaciones aisladas y empezamos a verlas como partes de sistemas.

Ese es el verdadero cambio de paradigma.

La semana pasada participamos en las IX jornadas AAPPCE “El Algoritmo de la Naturaleza” y vivimos, palpamos el potencial que tienen este procesos cuando se da en los lugares adecuados. Por esto queremos agradecer y felicitarlos por promover una conversación que ayuda a toda la comunidad profesional a comprender el cambio sistémico que estamos viviendo.

Y esa conversación recién comienza.

En Club AgTech creemos que el mayor desafío de los próximos años no será incorporar más tecnología, sino desarrollar una nueva forma de observar las organizaciones y los ecosistemas en los que participan, a partir de la tecnología.

En este sentido, los invitamos a analizar la propuesta de TransformAgro.

Un programa pensado para líderes y equipos que quieren comprender las nuevas reglas del juego, identificar oportunidades que hoy permanecen invisibles y liderar procesos de transformación que generen valor para toda la organización.

Porque los datos pueden ser los mismos. Las personas también. Incluso las empresas pueden enfrentar exactamente los mismos desafíos.

Lo que cambiará los resultados será la forma en la que se observe el sistema.

Y cuando cambia la forma de observar, aparecen las oportunidades. O se las comienza a ver.

Ese es el desafío que proponemos junto a Maríana Giacobbe  (MG Valor)y Enrique Di Luca (Red de contactos Latinoamérica)  en nuestro Programa Ejecutivo de TransformAgro.